Nueva tecnologia nos invade: “códigos bidimencionales”

by · abril 28, 2012

 

La placa del auto, el número de celular, el ISBN de un libro o el precio del alquiler. Nuestra vida flota entre cifras. Y lo que no se emparenta con ellas de forma natural adopta numerales con artificio, premeditación y trece dígitos. Que son con los que el código de barras categoriza la vida desde 1952 y que ahora mutó de manera masiva a una nueva dimensión: laberintos pixelados a los que los entendidos llaman bidis(por bidimensionales), datamatrix (por la firma norteamericana que lo inventó) o QR (en su versión japonesa).

En los años 80, el código de barras puso orden en casi todos los comercios, y no había atisbo de posible competidor hasta que, como todo, la tecnología superó a la tecnología y los números en barra fueron parcialmente arrinconados. El código digital lineal tuvo que abrir al 2D, capaz de almacenar hasta 2.000 caracteres en un espacio mínimo de entre dos y tres milímetros y un bit en cada una de las celdas que conforman el marco.

Unir el universo real al virtual con un solo clic es precisamente uno de los grandes logros del código de barras 2D, junto con su facilidad de uso y el gasto escaso que requiere su implementación. No es caro el software para la generación ni para el procesamiento de bidis -es más, los hay gratuitos en muchas webs- y tampoco requiere gran inversión la impresión de un cuadrado en blanco y negro para obtener las etiquetas. El resultado de tanta bondad es que proliferan su uso y sus aplicaciones: están en tarjetas de visitas, en medios de transporte, en muros, en convenciones y congresos, en supermercados.

El procedimiento de decodificación de los datos digitales es siempre el mismo: 1. Instalar una aplicación al smartphone para que pueda leer el código (marcas como Blackberry , iPhone o equipos con Android, ofrecen el software específico y gratuito). 2. Abrir la aplicación y enfocar el cuadrado con la cámara del celular -que quede lo más recto y nítido posible- para que el aparato escanee la imagen. 3. Después de procesarlo, el dispositivo mostrará en la pantalla diferentes opciones para acceder a la información decodificada y asociada a la imagen: abrir el navegador, compartir por SMS o por correo electrónico.

Si bien en un principio parecía que el denominado datamatrix iba a ser el baluarte de la nueva camada, los inventores de este código de barras bidimensional  no contaron con un pormenor cuando lo crearon en 1989: su incapacidad de codificar los kanji o caracteres japoneses. Japón desestabilizó su hegemonía en 1994 con un código compatible con sus grafías, más seguro (menos hackeable) y con mayor capacidad que el occidental (alberga hasta 7.000 dígitos, 4.000 letras o archivo de hasta 3 Kb): apareció el QR.

El resto de características de la nueva incorporación era muy similar a las de su par americano: estética casi idéntica (aunque el QR incluye tres cuadraditos más pequeños); lectura en 360 grados e igualmente veloz ( Quick Response, de respuesta rápida, dicen sus iniciales) y capacidad de corrección. El código QR puede restaurar hasta el 30% de la información si parte de la etiqueta está dañada o manchada (por la suciedad, el deterioro, etc.) Su fiabilidad ha conquistado a miles de empresas e instituciones en todo el mundo. McDonalds los estampó en las cajas del Big Mac para dar información nutricional, la cadena inglesa de televisión BBC ofrece su programación en QR, el supermercado Carrefour propone descuentos, el Central Park de Nueva York promueve la concurrencia juvenil (siembra símbolos en el parque con datos curiosos) y la estadounidense Blue Marble instala códigos QR gigantes en los techos de los edificios para que puedan ser captados por Google Maps.

A pesar de su aparente esplendor, sus detractores reclaman que estos códigos ocupan mucho espacio, que sólo se puede acceder a ellos a través de terminales con cámara y que es vulnerable a los virus (la mayoría de las veces se desconoce cuál es la información que se esconde detrás del QR). Dicen, en fin, que su futuro es negro porque los usuarios desconocen su existencia y sus posibilidades, y porque un sustituto joven y guapo le pisa los talones y amenaza con desbancarlo: la tecnología inalámbrica NFC , Near Field Communication, que permite el intercambio de datos entre dispositivos a menos de 10 cm.

Y mientras el debate se teoriza hasta el infinito, la partida se resuelven con estadísticas. Los números señalan que el 32% de los usuarios de smartphones ya experimentaron con algún QR .

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Discusión1 Comment

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